29 jun. 2013

«Masacre»: Un artículo sobre el videojuego de Masacre



Una semana más, y tras ha-ber a-si-mi-la-do el chu-la-po a-cen-to ma-dri-le-ño, vuelve RduTcB, el blog favorito de la gente cuyo blog favorito es RduTcB.

De un tiempo a esta parte, hay un personaje que ha aumentado su popularidad enormemente gracias a/por culpa, en gran parte, de Tumblr. No, no estoy hablando de Tom Hiddleston, sino del mismísimo mercenario bocazas, del degenerado regenerado en persona. Estoy hablando, claro está, de Masacre, el personaje de la Casa de las Ideas, creado por Rob (¡AVIV BÖR!) Liefeld y Fabian Nicieza en los locos, locos, ¡locos! años 90.


«Hey, I just killed you and this is crazy, but here’s my number. So call me, maybe».


En la pasada Comic Con de San Diego, High Moon Studios (responsables de varios juegos de Transformers que no he jugado ni jugaré) anunció que iban a desarrollar un juego de Masacre, o «Deadpool», para los necios que dicen que «es que en inglés mola más»; y el hype se disparó cual arma imposiblemente grande dibujada por Liefeld, y es que un juego del mercenario bocazas podía ser, hablando en plata, LA REHOSTIA.

¿Lo es? Pues sí y no.

Masacre, que es el título del videojuego de Masacre (para no conducir a engaño), es un juego protagonizado por Masacre, en el que se controla a Masacre y se hacen cosas propias de Masacre. ¿Ha quedado claro que la cosa va de Masacre? Porque va de Masacre, ojo.


Por si acaso.


Masacre capta a la perfección el espíritu del personaje… o al menos de la encarnación a la que estamos más acostumbrada: la versión hiperactiva, inmadura e irracional del mercenario que popularizó Daniel Way, quien no en vano es el guionista del videojuego. Si alguien espera encontrar la vertiente oscura del personaje en la etapa de Joe Kelly, que desista. Si alguien espera encontrar la versión muda de X-Men Orígenes: Lobezno… que se muera.

El jueguecico, la MAQUINITA, es un shooter hack and slash en tercera persona à la Devil May Cry, pero muy simplificado, claro. A lo largo del juego podemos manejar katanas, sais, martillos, escopetas, pistolas, uzis y hasta rifles de plasma, aderezados con unas granadas riquísimas y unos cepos para osos muy finos. Y de postre, un teletransportador.

Con este plantel de Trastos del Matar™, los combates se hacen bastante amenos, ya que podemos alternar los sablazos con los disparos e ir mejorando las armas para convertirnos en modernas máquinas de matar y acribillar a los villanos a balazos y chistes malos. Y es que Masacre da acción a raudales, pese a que la cámara dificulta en ocasiones el machaque de malosos, y el hecho de usar el mismo botón para contraatacar y para teletransportarse suele llevar a errores.


«Chsssst… ¡Estoy cazando sicarios!»


El nivel de dificultad de los combates está bastante ajustado… hasta el último capítulo del juego, en el que la destreza requerida por el jugador tiene un pico absurdo y los rifirrafes se vuelven exageradamente más complicados que en los siete niveles anteriores.

Sí, he dicho «siete niveles anteriores».

El mayor problema de Masacre no es su alarmante falta de easter eggs, ni que la mayoría de los villanos sean de segunda, ni los enemigos clónicos, ni que el teletransportador no pueda atravesar obstáculos y obligue a rodearlos, ni los glitches ocasionales… No, el mayor problema de Masacre es su corta duración, de apenas unas escasas seis horas. A su favor hay que decir que es bastante rejugable y que tiene mapas de desafíos, pero aun así, es uno de los juegos más cortos que he catado en mi vida. 


Así de corto es.


Por otro lado, y para compensar, Masacre también es uno de los juegos más divertidos que he jugado en mucho tiempo. Esto es, claro está, si se es fan del personaje, porque para los no iniciados, mucho me temo que la primera aventura en solitario del degenerado regenerado será una decepción. Y es que estamos ante un producto que es puro fan service… y de lo que me alegro. A fin de cuentas, Wade Wilson, con sus rupturas (o más bien DEMOLICIONES) de la cuarta pared, las voces de su cabeza y su comportamiento errático, es un tipo demasiado estrafalario para hacerlo más neutral y que atraiga a una mayor cantidad de público. Eso sí, más de uno agradecerá los pequeños vídeos opcionales en los que el mercenario presenta a los distintos personajes del juego.

Así pues, entre las cosas que nos encontramos en el juego es a Masacre cachondeándose de los QTE, insultando al jugador («Igual me iría mejor si no fueras un mierdas con el mando»), llamando a los desarrolladores para quejarse de los gráficos, cambiando el guion a su antojo, e incluso llamando a Nolan North, que nació para ponerle voz al personaje de Marvel. North, un titán del doblaje, ha nacido para ponerle voz al Cenutrio Carmesí, y su interpretación, que capta a la perfección la locura constante del mercenario, arrancará más de una carcajada. A mí me la arrancó, y eso que a mí no me gusta nada, ya saben. Y ojo a la conversación, con ese empeño de Nolan North en hacer un Masacre más oscuro y ese «Yeah? Well, fuck you, Nolan», que bien podría ser una referencia al presuntuoso director británico. O simple coincidencia, claro, pero todo lo que sea criticar a Nolan me parece BIEN.


MASACRE KAWAII-DESU!


Sé de más de uno que se ha visto decepcionado por Masacre, y es que muchos esperaban la panacea videojueguil. Personalmente, a mí ya me iba bien con un juego decente de acción que supiese trasladar la esencia del antihéroe encapuchado al terreno virtual. Y eso, amigos, es algo que High Moon Studios ha conseguido con creces para bien y para mal, lo que quiere decir que este es un videojuego que gustará a los fans y dejará indiferentes a los demás. 

Sí, el juego es excesivamente corto, la cámara a veces nos deja vendidos, se echa en falta la presencia de easter eggs (más allá de esa caja de pizza con un sai que recuerda que North le dio voz a Raphael. La tortuga, no el cantante), los sicarios son todos iguales (aunque está descaradamente justificado por guion) y más de uno acabará hasta las narices de las frases de Masacre, pero es un juego de acción más que decente que capta a la perfección el espíritu del personaje, y que resulta muy divertido a poco que se conozca el personaje. Yo, como Joaquín Prat, «¡se lo recomiendo!». ¡CHIMICHANGAS PARA TODOS!


«¡Uuuuuh, un pringao con boina ha hablado de mi juego…! Espera, ¿mil palabras? Bah, a la mierda».