27 feb. 2016

«Love», maravillosa dramedia romántica

«AY QUE MY TIMING IS OFF
PORQUE A VECES ASÍ ES COMO IT ALL WORKS
PERO QUE LO CREAS OR NOT
NO TENEMOS CHOICE EN LOS MATTERS OF EL HEART»


Una semana más, y tras haber sobrevivido sin rajarme las venas a ver la magnífica ¡Olvídate de mí!, vuelve RduTcB, un blog cuyo autor disfruta con la pochez como… como… no sé, como alguien que disfruta mucho de la pochez.

Netflix BIEN. Netflix MUY BIEN, de hecho. Que si Master of None, que si BoJack Horseman… y ahora, que si Love, la nueva dramedia (prácticamente anti)romántica que nos trae de las mentes creativas de Judd Apatow, Paul Rust y Lesley Arfin.




Vaya por delante que a mí las películas, series o, en general, cualquier obra de ficción romántica no me gustan. Me repele esa concepción del amor romántico tan rancia que promueven, me repele la chorrada de «el amor lo puede todo», y me repele la estructura «chico conoce a chica, chico y chica se pelean por un malentendido, chico y chica se reconcilian, chico y chica ya son felices porque eh, ahora tienen pareja, lo más importante en la vida».

Es por eso que gozo más con cosas como Extraterrestre, o la ya mencionada ¡Olvídate de mí! (¿han visto qué bien hilado?), porque muestran el amor más como lo que es: algo que a veces bien, pero que a veces mal, y que para nada lo puede todo ni va a solucionar mágicamente las mierdas y problemas internos que tenga cada uno. Y por eso mismo me ha encantado Love, y se lo cuento sin spoilers porque soy así de generoso… y también porque la idea es convencerles de que la vean, Y CLARO.

Love consta de 10 episodios de una media hora cada uno y que fácilmente se podrían ver del tirón. Yo me los vi en 4 tandas de 2 o 3 episodios porque a ver, uno también tiene que trabajar y esas cosas, pero es un ejemplo perfecto del binge watching que tanto se asocia con Netflix. Vamos, el «atracón» de toda la vida.


Situación sentimental.


La serie nos cuenta la historia de Gus (Paul Rust) y Mickey (Gillian Jacobs), dos treintaypocoañeros (¿existe esta palabra? Permítanme dudarlo) que (sobre)viven como pueden. Gus es tutor en el rodaje de la serie Witchita, donde les da clases a los chavales actores, y Mickey es jefa de producción en un consultorio radiofónico. Como Frasier, pero sin Kelsey Grammer, lo cual le hace perder enteros, claro.

La situación sentimental de ambos es bastante miérder: Gus acaba de salir de una relación larga, y Mickey acaba de cortar con su ahora-pareja-ahora-ex-ahora-pareja, un cocainómano que vive con sus padres. Y oigan, lo de cocainómano vale, pero lo de que viva con sus padres… Esto no lo tolero. ¡NO!

Como habrán adivinado, los dos se conocen, y empieza una maravillosa relación en la que todo va bien desde el principJAJAJAJAJAJAJAJA NO. Y esa es la gracia, que ambos la cagan mil veces, las pasan putísimas y se comportan como auténticos gilipollas. O sea, como personas.


¿No ven cómo se quieren? ¿No ven la PASIÓN en sus miradas?


Y es que los personajes de Love parecen gente real, no arquetipos construidos para responder a un ideal inalcanzable. Gus es un tipo apocado al que hasta sus alumnos toman por el pito del sereno, algo sosete, pero con cierto encanto (tampoco mucho, no nos pasemos), que aunque en líneas generales es majete, tiene su lado borde y desagradable. Mickey roza fortísimo la codependencia. Bueno, qué cojones, la roza tan fuerte que la codependencia le ha puesto una orden de alejamiento. Además, bebe como cosaco (o como universitario en jueves), consume drogas con avidez, es borde de cojones y… en fin, para qué seguir.

He leído alguna queja de que así cuesta más empatizar con los personajes, que cómo se va a empatizar con gente así. A ver, yo no es que sea codependiente, drogadicto ni un beodo (lo de majete pero borde que lo decida el juez), pero personalmente me resulta más fácil interesarme por personajes que parecen gente de verdad que por Perfecto McPerféctez, con su trabajo perfecto, su sonrisa perfecta y su todo perfecto, qué quieren que les diga.

Y esa es una de las grandes bazas de Love: que todos sus personajes parecen reales. Y no solo los dos protagonistas, sino también los secundarios. Cada personaje, por poco que salga en pantalla, da la sensación de tener todo un historial detrás. Parece que la cámara podría seguirlos cuando acaban sus intervenciones en la trama y tendríamos historias igual de interesantes. Desde los amigos de Gus hasta el vecino barbimelenudo, pasando por los trabajadores de Witchita y, por supuesto, Bertie (una estupenda y entrañable Claudia O’Doherty), la más-maja-que-las-pesetas compañera de piso de Mickey, que no duda en cantarle las cuarenta cuando es necesario, porque en Love, cuando alguien se comporta como un gilipollas, no se suaviza con un «jajaja, qué loco está este doctor House», sino que se muestra cómo afecta a los demás.


«IYO K NO ME BASILE TU K T METO UN MEKO K T DESTRULLO PAIASO».


Love, que bien podría haberse llamado El amor es comerse una mierda detrás de otra con pequeños intervalos de felicidad (pero los de marketing dijeron que no tenía mucho gancho) retrata con acierto cómo es el amor en tiempos del cólera modernos, con gente que está cada vez más vuelta de todo, es más reacia al compromiso (o sencillamente no puede porque, ay de ellos, son AUTÓNOMOS y no tienen tiempo ni para vivir) y, además, tiene ese sentimiento de La Vida Me Debe Cosas™ (spoiler: la vida no te debe una mierda) que hace que se comporten (nos comportemos) como gilipollitas petulantes y engreídos. La serie tiene sus momentos de comedia, por supuesto, pero hay una melancolía y una pochez que sobrevuela la serie, aunque no es tan evidente como en BoJack Horseman. Eso sí, el final del episodio 7 es EL PATETISMO e ilustra de forma perfecta las personalidades de los dos personajes en escena.

Por sacarle alguna pega, hay algún giro de guion totalmente gratuito que no viene a cuento y que está diseñado solo para hacer avanzar la trama (ejemlodeHeidiejem), y como decía un amigo mío, no cuela mucho que un tipo tan soseras como Gus tenga ese (relativo) éxito con las mujeres, pero, qué quieren que les diga, me da un poco igual, porque el resto es tan estupendo que paso de los defectos. Como cuando uno se enamora, ¿eh? ¿Lo pillan? ¡Porque cuando uno se enamora no ve los defectos o los ve, pero le dan igual! ¡Y LA SERIE SE LLAMA LOVE…! ¡JAJAJAJA! ¡QUÉ BIEN HILO, JODER! ¡EL PUTO AMO! ¡MAESTRO DE LA ESCRITURA! ¡VIVA BÓIN[le inyectan un sedante para paquidermos]





P.D.: Si la ven, ya me dirán qué les parece el final del último episodio. En mi opinión, Gus la caga  fuerte, pero a otros les ha parecido una buena decisión. Ay, yo qué sé.
P.P.D.: En el episodio 4 sale Mark Oliver Everett, más conocido como Mr. E, el cantante de los Eels y autor del maravilloso libro Cosas que los nietos deberían saber. Por si necesitaba algo más para adorar Love.